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Mostrando las entradas etiquetadas como causalidad de la causa

14.2 (I) Razón adversa y Razón propicia

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            I. En la presentación de este blog, dábamos fin a la sección “Acerca de” con el siguiente texto:          <<La causalidad de la causa de una existencia en la Tierra como en el Cielo es un estado de paz y alegría que el mundo no puede dar, sino tan sólo Dios:  “La paz os dejo, mi paz os doy. No como la da el mundo os la doy yo. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo”  (Jn 14:27) y  “estad siempre alegres”  (1Tesal 5:16), pues, del mismo modo que  “los doctores de la Ley frustraron el plan de Dios para con ellos”  (Lc 7:30), el hijo que  “entrando en sí mismo” , busca al Padre, lo encuentra en el Camino, celebrando su vuelta y diciendo  “este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida”  (Lc 15:17-24).          El desarrollo de todo esto, que hemos concentrado de manera apretada en este apartado de presentaci...

14.1 (I) Razón adversa y Razón propicia

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            I. A nuestro parecer, nadie como Kant (ni tan siquiera Heidegger o Jung) ha profundizado jamás en los entresijos de la razón humana originaria ( “pura” en la terminología kantiana), diseccionándola hasta el punto de llegar, a través de una vasta y extensa obra, a poner de manifiesto que, en su último rescoldo, la metafísica es, precisamente, hija predilecta de la razón humana puesta en nosotros por la naturaleza misma, quizá más que ninguna otra ciencia , siendo ésta “la finalidad y la utilidad de esta disposición natural de nuestra razón” y concluyendo, sin embargo, que a la razón humana no sólo le es imposible descubrir “lo interior de las cosas” (noúmeno), sino que, además, no lo necesita, pues lo que pertenece a su ámbito de “trabajo” es el “fenómeno” o “lo que, como objeto de los sentidos, puede pertenecer a la experiencia y puede ser puesto en conexión, según leyes de la experiencia, con nuestras percepciones reales” , de manera que, ...

12.1 (y III) Inmanencia y Trascendencia

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            III. Y es así como la inmanencia, realidad exterior o forma con que el tiempo dado “se viste” para hacerse visible, se pone al servicio de la trascendencia como causalidad de la causa, de modo que, por un lado, su utilidad se manifiesta en que podamos “ver con nuestro propios ojos” cómo Dios corrobora (Ef 3:16) la correcta o incorrecta dirección y estado de nuestra causa (progreso del hombre interior) y, por otro lado, podamos valernos de todo aquello que Dios pone a nuestra disposición ( “lo demás se os dará por añadidura” ) como necesariedad de lo necesario en la sucesión de estados de la causa (progreso del hombre interior). En otras palabras, si lo que progresa en nosotros es el Espíritu de Dios Altísimo o cualquiera de los espíritus del mundo (Ef 2). Y si lo que progresa en nosotros es el Espíritu de Dios Altísimo, Dios continuará propiciando las condiciones favorables a su progreso, pues “todas las cosas cooperan al bien de los que aman a...

12.1 (II) Inmanencia y Trascendencia

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            II. “El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la faz de la Tierra son creadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para el que es creado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas en cuanto le ayuden para su fin, y tanto debe quitarse de ellas en cuanto para ello le impiden. Por lo cual …/… en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío …/… solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos creados [1] .          Por lo tanto, decíamos, al hombre ha de bastarle saber que existe la Ley y que existe la Gracia para, así, poder elegir sabiamente la presencia del pensamiento consciente  (espíritu o intención) que conduce al fin en la Gracia, sabiendo que todo lo que es fruto de la Ley (que es causalidad de la causa de lo...

9 (y IV) Paradoja del Siglo XXI

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      IV. Pero mañana es otra cosa; será lunes y habrás de enfrentar esas “terribles” treinta y seis horas de trabajo semanal en la oficina, teniendo que lidiar con los “insufribles” problemas laborales, reivindicar tus derechos frente a un jefe que ahora te parece tan opresor y cruel como el capataz de la cantera. Ahora sólo te pre-ocupa el pago de la hipoteca, de la tarjeta de crédito, de las miles de facturas que has ido acumulando innecesariamente y lo único que ves es a un jefe que tiene más recursos financieros que tú y que te explota, que vive en un chalet en la mejor zona de la ciudad, que tiene un barco y una casa de vacaciones en la zona más selecta de la playa, que se hospeda en hoteles de cinco estrellas cuando sale de viaje con su familia, sus hijos en los mejores colegios y universidades, coche de lujo a lo “Rockefeller”, esposa vestida en las mejores boutiques, club de golf, … y la vida te parece injusta.    Ya no te saben las copiosas comidas ...

9 (III) Paradoja del Siglo XXI

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      III. Apiadado de ti, y en la esperanza de que hayas aprendido esta corta y dolorosa experiencia vital, tu genio de la lámpara te lleva a un nuevo y maravilloso destino. Despiertas en un lugar en el que las estancias de tu casa se iluminan con sólo pulsar un interruptor sin necesidad de siervos que enciendan las velas, tus armarios están repletos de ropas variadas y zapatos para cada ocasión, el baño se encuentra dentro de la casa y ya no tienes que salir soportando las inclemencias del tiempo para ir a la hedionda y fétida letrina, sino que dispones de inodoro, lavabo, ducha, agua caliente, … todo ello con sólo girar una pequeña llave con un ligero movimiento de muñeca y sin tener que ir a buscar el agua al pozo. Tu despensa está repleta de manjares de la más variada procedencia -japonesa, italiana, china, española, …-, en la nevera los alimentos se conservan frescos y en buen estado y las bebidas están deliciosamente frías. Cada semana te surtes bien de todo lo qu...

9 (II) Paradoja del Siglo XXI

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      II. Imagina por un momento que eres un esclavo en una cantera de extracción de piedra para la construcción de la pirámide del faraón. Trabajas sin descanso desde el amanecer hasta el ocaso bajo el sol abrasador y bajo el látigo del capataz, que no te deja respiro, hasta que tus huesos no pueden siquiera soportar el peso de tu cuerpo. Durante tus interminables días de fatigoso trabajo ves cómo el faraón se pasea inspeccionando sus propiedades, transportado a hombros por los esclavos de la corte; y tú sueñas “¡oh; si tan sólo pudiera ser como uno de esos esclavos que trabajan en la corte del faraón; qué feliz sería dejando atrás la cantera para servirle viviendo en las comodidades de palacio!” .    Sin darte cuenta, sucede el “milagro” y te ves transportado de época, país, …  Ahora eres siervo del rey Enrique VIII y vives en su palacio. Atiendes al rey, a su esposa y a los príncipes. Duermes y vives protegido de las inclemencias del tiempo en un magníf...

1 (II) El esclavo no sabe lo que hace su Señor

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      II. La causalidad de la causa en la existencia de la persona (toda su experiencia posible de la vida) viene determinada por su grado de espiritualidad o materialidad. Así, la pureza, impureza u oscuridad de ese entendimiento depende, en primera y última instancia, del ser o no-ser del alma: de tener un alma viva que es dueña y señora de sus dominios y, por tanto, despierta y vigilante porque sabe elegir conscientemente Espíritu para su entendimiento, o un alma dormida que “a ratos” es invitada a despertar y curiosear qué tal le va a su anfitrión en la montaña rusa de la vida, pero a la que no se le otorga ninguna autoridad para ocuparse de esa vida, o un alma muerta.    Entender está, por un lado, en querer entender y, por otro, en no permitir que esa voluntad sea condicionada ni contravenida por causas ajenas, sino exclusivamente por el Espíritu de Dios o libertad que otorga el imperativo categórico de la ley moral interna y que ha de ser necesariamente ...