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La Única Enseñanza

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PRIMERO, trata a tu Alma en tu interior como quieras que Dios te trate a ti dentro de Sí Mismo, cuidándola como a un niño en el regazo de su madre, confortándola con lo que la alegra, alimentándola con lo que le es beneficioso y apartándola hasta de la apariencia del mal. ENTONCES podrás tratar a los hombres que Dios pone en tu camino como quieras que Dios te trate a ti incluso cuando tú también te descuidas y te alejas de Él, con independencia de cómo ellos te traten a ti y a Dios dentro y fuera de sí mismos. Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos, y tu Alma, que es fracción indivisible de Dios, crece o mengua en ti según sea confortada y alimentada o perturbada y desnutrida, como origen de la Realidad que nos envuelve a cada uno de nosotros dentro de la Única Gran Unidad en la que conviven el Espíritu Santo e Inmutable de lo eternamente eterno y el siempre mutable de lo eternamente perecedero. Y, aunque Dios hace salir el sol y la lluvia derramando Sus Bendiciones sobre todos ...

2 (II) La Verdad os hará Libres

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      II. Como decía, la Verdad en lo íntimo del Ser es una “caja de resonancia” que vibra con la Palabra que se corresponde con la verdadera identidad del Ser, según el propósito para el que fue creado por Dios; algo que los animales no necesitan al no haber sido dotados de libre albedrío y vivir, por tanto, conforme a su propia naturaleza, más o menos inteligente, pero inevitable.    Pero es, precisamente, el libre albedrío otorgado por Dios al hombre, el que le permite vivir de manera contraria o discordante con el propósito de su existencia. De ahí que no exista contradicción alguna entre predestinación y libre albedrío, pues Dios no ha buscado en los hombres la obediencia que ha imprimido en la naturaleza del resto de seres vivos, sino una lealtad sincera que sólo puede emanar del más puro ejercicio del libre albedrío. De hecho, tan magnífico y extraordinario es el regalo del libre albedrio, que el hombre puede elegir entre vivir conforme al propósito de s...

1 (II) El esclavo no sabe lo que hace su Señor

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      II. La causalidad de la causa en la existencia de la persona (toda su experiencia posible de la vida) viene determinada por su grado de espiritualidad o materialidad. Así, la pureza, impureza u oscuridad de ese entendimiento depende, en primera y última instancia, del ser o no-ser del alma: de tener un alma viva que es dueña y señora de sus dominios y, por tanto, despierta y vigilante porque sabe elegir conscientemente Espíritu para su entendimiento, o un alma dormida que “a ratos” es invitada a despertar y curiosear qué tal le va a su anfitrión en la montaña rusa de la vida, pero a la que no se le otorga ninguna autoridad para ocuparse de esa vida, o un alma muerta.    Entender está, por un lado, en querer entender y, por otro, en no permitir que esa voluntad sea condicionada ni contravenida por causas ajenas, sino exclusivamente por el Espíritu de Dios o libertad que otorga el imperativo categórico de la ley moral interna y que ha de ser necesariamente ...