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Mostrando las entradas etiquetadas como Yo voy al Padre

(IV) Los Signos de los Tiempos

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  (Capítulo completo en pdf descargable gratuitamente pinchando en este enlace: “Los Signos de los Tiempos” ) IV “ Por la tarde decís: ‘Va a hacer buen tiempo, porque el cielo está rojo’; y por la mañana decís: ‘Hoy va a hacer mal tiempo, porque el cielo está rojo y nublado.’ Pues si sabéis interpretar tan bien el aspecto del cielo, ¿Cómo es que no sabéis interpretar los signos de los tiempos? ” (Mt 16:2-3). Ese color que ves Hoy es lo que permanece de tu pasado y la esperanza de tu futuro; lo atado o desatado en la Tierra que permanece atado o desatado en el Cielo. Ése es el signo de tus tiempos . Y ese signo, de ese presente, será con el que la muerte te sorprenda en el momento más inesperado y el que determinará tu destino. Por eso, de nada valen los buenos propósitos para el mañana si no son buscados para que tomen vida hoy. La sabia elección de Espíritu para la vida puede cambiarlo todo (pasado, presente y futuro): en la elección del Espíritu Santo que es Señor de la Gracia...

NOTA PRELIMINAR A LOS “LIBROS DE LA SIEMBRA”

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           Transcribimos a continuación la “Nota Preliminar: Yo voy al Padre” con la que hemos introducido cada uno de los tres primeros libros de esta serie de publicaciones, y que hemos querido englobar dentro del título genérico “Libros de la Siembra” , para dar paso a lo que, en las siguientes publicaciones, llamamos “Los Cuidados del Reino” : Nota Preliminar: Yo voy al Padre          La Sabiduría de Dios para el hombre se manifiesta a través de infinitas formas, según sea la Verdad en lo íntimo del Ser (Sal 51:8) de cada persona en particular: la intención o espíritu que guía, consciente o inconscientemente, su pensamiento, palabra, obra y omisión hacia aquello que persigue, busca o anhela en esta vida.          Así, quienes permanecen aún en sus vidas atados a deseos terrenales, hallarán en su búsqueda de Dios (pues jamás lo hallarán quienes no lo buscan) un espíri...

14.3 (I) Razón adversa y Razón propicia

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            I. Cuando la razón deja de ser adversa y se vuelve propicia en su funcionalidad pura para trabajar para la causa Krística del Hombre que “ va al Padre” , deja de orar pidiendo todas aquellas cosas que antes solía pedir “creyendo que por hablar mucho iba a ser escuchada” y entiende que orar no es hablar, sino escuchar, en la comunión con el Padre “en lo secreto” de la meditación silenciosa y la contemplación sagrada, los dictados del Espíritu que “conoce nuestras necesidades antes de que le pidamos nada” (Mt 6:6-8). Y, así, no hablando, sino escuchando, “el Espíritu acude en ayuda de nuestra flaqueza, porque no sabemos orar como es debido, pero el Espíritu intercede Él mismo por nosotros con gemidos inefables, y el que sondea los corazones sabe lo que desea el Espíritu y que su intercesión por los santos es según Dios” (Rom 8:28-29), no solamente “obrando en nosotros el querer y el hacer” (Filip 2:13), sino también “mostrándonos en cada mom...

14.2 (III) Razón adversa y Razón propicia

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          III. La razón humana no es un atributo despreciable, sino, precisamente, aquel atributo dado al Hombre por Dios en el que reside la facultad de ejercicio del libre albedrío que le permite elegir su propio destino si, antes, llega a conocerse a sí misma y al modo en que conoce lo que está fuera de sí misma, precisamente, para no vivir (y morir) dentro de los límites de sus propios  razonamientos humanos “con apariencia de sabiduría” (Col 2:20-23), sino dándole el lugar que le corresponde como subordinada del Espíritu dentro de la jerarquía correcta del Ser (Mt 16:23), de modo que “quien vive en esa cima de sí mismo, domina el destino; quien vive en los niveles inferiores del yo, está sometido a los astros y sólo es un fragmento del universo” [1] . Y según sea ese uso correcto, incorrecto u oscuro que demos a tan asombroso atributo puesto por Dios en el hombre, así será su destino: -          El natural que ...

14.1 (V) Razón adversa y Razón propicia

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            V. Y por eso dice Jesucristo “el que me ha visto a Mí, ha visto al Padre” (Jn 14:9), pues “Él es la imagen de Dios invisible” (Col 1:15): la Forma visible (Hijo) del Nombre y lo Nombrado (Padre y Sus Atributos Divinos) por el Espíritu invisible (Espíritu Santo), Uno y Trino. Y, quien esto ve en Jesucristo, él mismo está viendo (vibración de la “caja de resonancia” que es la Verdad en lo íntimo del Ser [1] ) el Nombre del Padre al que ama para sí por Sus Atributos (lo Nombrado), el Hijo que quiere ser para ese Padre y el Espíritu que obra el milagro que lo hace posible. Y, entonces, “el discípulo no es superior a su Maestro, pero el que es perfeccionado, se hará como su Maestro” (Lc 6:40) por Obra y Gracia del Amor Puro en ese Espíritu. Y lo mismo verá en ese fruto del Amor mutuo profesado entre Krishna y Arjuna o entre Lao Tse y el Tao, pues no vive en creencias religiosas, sino que vive una Fe que es Amor Puro y espiritual (no racional), en...

14.1 (IV) Razón adversa y Razón propicia

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            IV. Todo, cada cosa, es imagen/forma/hijo del nombre en que se contiene lo nombrado (sus atributos). Y todo es obra del espíritu que gobierna a ese ser, dando nombre y forma visibles a ese espíritu invisible. Y es Dios mismo el que da a cada cosa el espíritu que le corresponde. Lo único que diferencia al hombre del resto de criaturas creadas es el libre albedrío: de todos los animales que pueblan el mundo, el hombre es el único que puede elegir espíritu, a través del libre albedrío, para que gobierne su razón. Y el libre albedrío se ejerce consciente o inconscientemente y necia o sabiamente.          Y es Dios mismo el que da a cada cual espíritu según sea el ejercicio de su libre albedrío (Is 66:3-4 y Lc 11:13), de modo que, por obra de ese espíritu, cada uno es forma/imagen visible de su propio nombre espiritual. De ahí la suprema importancia que se da al Nombre de Dios en todos los Libros Sagrados: des...

14.1 (II) Razón adversa y Razón propicia

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            II. Y ello, precisamente, por no trascender los límites de la mera razón, que se encuentran en la revelación que nadie más puede transmitir [1] , y cuya única fuente es la relación íntima y estrecha entre Padre e Hijo: una relación que, sólo cuando es vivida “en lo secreto” (Mt 6:4, 6, 18 y 19-21 y Rom 14:16 y 22), a través del estudio de los Libros Sagrados, la meditación, la oración y la contemplación sagradas, es vivificada por el Espíritu Santo para “la justicia, paz y gozo” (Rom 14:17) del Espíritu en el hombre por su entendimiento espiritual y de su razón humana al ser dispensada de lo que no le corresponde (Mt 16:23), pues si, como veíamos al inicio de este capítulo, la razón humana no necesita descubrir “lo interior de las cosas” (noúmeno), el Espíritu que dice “Yo voy al Padre” sí lo necesita (de ahí la predisposición del hombre a la metafísica), “y vuestro Padre conoce vuestras necesidades antes de que se lo pidáis” (Mt 6:8), a f...

13.4 (III) En Espíritu y en Verdad

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            III. Debemos insistir en esta Verdad: “Porque era agradable a Dios, fue amado de Él, y como vivía entre pecadores fue trasladado . Se lo llevó para que la maldad no trastornara su inteligencia ni la perfidia extraviara su alma. Pues la fascinación por el mal anubla el bien, y el vértigo de la pasión pervierte a un alma limpia . Llegado a la perfección en poco tiempo , llenó el espacio de una larga carrera. Y pues su alma era agradable al Señor, por eso se apresuró a sacarle de un ambiente corrompido. La gente lo ve, pero no lo comprende ni se da cuenta de esto: que para los elegidos del Señor hay Gracia y Misericordia, y para Sus santos, protección” (Sab 4:10-15). A la que debemos apostillar con este entendimiento: -          Que “el que procede con justicia y habla rectamente, el que rechaza ganancia violentada, el que sacude su mano para no oír planes sanguinarios y cierra sus ojos para no ver el m...