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Mostrando las entradas etiquetadas como ignorancia

4.1. El Espíritu de Dios o Pureza de la Sabiduría

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     Señor de misericordia, que con tu palabra hiciste el Universo y con tu Sabiduría formaste al hombre para que dominase en las criaturas salidas de tus manos, para que gobernase el mundo con santidad y justicia. ¿Quién conocería tu designio si Tú no le dieras la Sabiduría y tu Santo Espíritu desde los cielos enviaras? Así se han enderezado las sendas de los que viven en la Tierra; los hombres que han aprendido qué es lo que te agrada y por la Sabiduría se han salvado [1] .    Yo, la Sabiduría, con la prudencia habito y poseo la ciencia de la sensatez. Dios me creó como primicias de Sus caminos, antes de Sus obras desde siempre. Fundada fui desde la eternidad, desde el principio, antes de los orígenes de la tierra, cuando aún no existían los océanos fui engendrada. Cuando echó los cimientos de la tierra a su lado estaba yo, como arquitecto, y era día a día Sus delicias, recreándome sin cesar en Su presencia, recreándome en Su orbe terrestre y teniendo mis de...

13.3 (I) En Espíritu y en Verdad

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            I. Nada de lo que venimos exponiendo desde la primera página de estas publicaciones constituye una creencia, sino una certeza. Que no lo creas no tiene nada que ver con que no sea cierto. Tal y como ocurre con las fuerzas de la naturaleza que el hombre ha ido descubriendo a través de la ciencia (electromagnetismo, gravedad, fuerza nuclear débil y fuerza nuclear fuerte), la creencia o incredulidad acerca de las mismas nada tiene que ver con la certeza de su existencia antes de ser descubiertas por el hombre.          Pero también es una certeza que, el hecho de no creerlo, no descubrirlo o no conocerlo, te impide ser beneficiario de la grandeza de Sus infinitas bendiciones, pues, al igual que ocurre con los beneficios que otorga al hombre el progreso de sus descubrimientos en el campo de la ciencia, de las artes, de la literatura, de la filosofía, de la nutrición, de la medicina,  … el progreso del ...

Carta al Lector: detente y reflexiona

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     Mi amadísimo lector:    Sé que sufres en muchas ocasiones -quizá demasiadas- los embates propios y ajenos de la ira, del resentimiento, de la dureza, de la ansiedad, del engreimiento, de la insolencia, de la naturaleza engañosa, de la desorientación, del desconcierto, de la inseguridad, … del aparente sinsentido de la vida; y también sé que el motivo por el que sufres es porque no sabes porqué sufres.           “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” . ¿Por qué crees que puedes conocer y saber lo que no has querido aprender?    La única Verdad que hace Libre es la que hace Libre del sufrimiento y de la muerte, y esa Verdad sólo está en Dios. Dice el libro del Eclesiástico: “mis ojos buscaban un socorro humano (en el intelecto humano) y no lo había” . En el mismo libro, después de haber encontrado la única Verdad que hace Libre del sufrimiento, dice su autor: “ved con vuestros propios ojos qué poco h...

5 (y IV) La Ley: Causalidad de la Causa de lo Perecedero

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     IV. Cuando iniciábamos el primer párrafo del capítulo primero diciendo que “el entendimiento no extrae sus leyes (a priori) de la naturaleza, sino que se las prescribe a ella; leyes según las cuales un entendimiento es causa del mundo” no decíamos que sea el hombre quien invente y promulgue esas leyes, sino que, ya sea de pensamiento, palabra obra u omisión, determina o hace comenzar esa causa de la que la Ley es causalidad, “activando” una de esas redes o entrelazamientos de las infinitas combinaciones infinitesimales de continuidad entre los vínculos universales que se manifestarán en forma de realidad, existencia o experiencia posible de la vida en la Ley de todo lo perecedero, como todo lo que es causalidad de la causa en la naturaleza material. Y para el hombre es del todo imposible alcanzar a conocer ni tan sólo una millonésima parte de todos esos infinitos vínculos universales.    La causalidad de la causa en el hombre perecedero es el deseo (y...