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Ministros de la Palabra de Dios

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“ El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la faz de la Tierra son creadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para el que es creado . De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas en cuanto le ayuden para su fin, y tanto debe quitarse de ellas en cuanto para ello le impiden. Por lo cual …/… en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío …/… solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce al fin para el que somos creados " [1] . " A los ministros de la Palabra de Dios los quería tales, que, dedicándose a estudios espirituales, no se embargasen con otras ocupaciones: el predicador debe primero sacar primero de la oración hecha en secreto lo que haya de difundir después por los discursos sagrados; debe antes enardecerse, no sea que transmita palabras que no llevan vida ..., pues, son de llorar los predicadores que v...

(y II) Como los de los Árboles son los Días de la Digna Colonia de Hijos de Dios en la Tierra

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  Así es el trabajo de la Digna Colonia de Hijos de Dios en la Tierra (Jn 17): formando una sola cosa en Dios Altísimo y no siendo del mundo, desde la Quietud del Sal 131 que sabe que el alma es de Dios y que nos ha sido dada para cuidarla y mimarla “como a un niño en el regazo de su madre” hasta ser devuelta sin mancha a Dios, que nos la dio (Ecl 12:7), alejándola de lo que la perturba y llevándola a donde Dios mismo la conforta (Mt 10:11-14, Sal 23), su andadura temporal en este mundo tiene como único Fin mostrar al mundo la Bondad Absoluta de Dios Altísimo (Jn 17), sin buscar la alabanza de los hombres, sino la de Dios Altísimo (Flp 85, 2Cor 10:17-18, Jn 7:18) de modo que el mundo pueda querer conocer al Artífice de Su Creación (Sab 13:9, Prov 8) y recibir de Él la Gracia de la Vida Eterna (Jn 17:3).  Jamás imponiendo, pero siempre invitando a conocer la Verdad que hace Libre (Jn 15) y diciendo al mundo "alegraos en la Misericordia del Señor; no os avergoncéis de Su alabanza: ...