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RECOGIMIENTO DE SEMANA SANTA

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           Entramos hoy de lleno en los días de reflexión sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, tiempo para el recogimiento más íntimo en el que, teniendo presente el significado de toda la enseñanza que nos fue regalada por quien nos mostró que “nadie tiene amor mayor que el que da la vida por sus amigos” , podamos entender “en Espíritu y en Verdad” que Su entrega nos fue regalada, precisamente, para facilitar en nosotros una Vida Krística que se manifiesta en que “vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os he enseñado” .          Nosotros suspendemos nuestras publicaciones durante un necesario tiempo de reflexión, recomendando la relectura detenida de todo lo publicado hasta la fecha, antes de dar comienzo a la publicación de los “ Los Cuidados del Reino” .          Igualmente, y a pesar de que, con carácter general, no somos muy dados a los canales de vídeo, pues nuestro Camino es conducido a través de la lectura, meditación, oración y contemplación

NOTA PRELIMINAR A LOS “LIBROS DE LA SIEMBRA”

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           Transcribimos a continuación la “Nota Preliminar: Yo voy al Padre” con la que hemos introducido cada uno de los tres primeros libros de esta serie de publicaciones, y que hemos querido englobar dentro del título genérico “Libros de la Siembra” , para dar paso a lo que, en las siguientes publicaciones, llamamos “Los Cuidados del Reino” : Nota Preliminar: Yo voy al Padre          La Sabiduría de Dios para el hombre se manifiesta a través de infinitas formas, según sea la Verdad en lo íntimo del Ser (Sal 51:8) de cada persona en particular: la intención o espíritu que guía, consciente o inconscientemente, su pensamiento, palabra, obra y omisión hacia aquello que persigue, busca o anhela en esta vida.          Así, quienes permanecen aún en sus vidas atados a deseos terrenales, hallarán en su búsqueda de Dios (pues jamás lo hallarán quienes no lo buscan) un espíritu que, obrando en ellos el querer y el hacer, guiará su existencia de modo que, cuando se es leal a ese quer

"En Espíritu y en Verdad": descarga gratuita del libro en pdf

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  En la sección  LIBROS EN PDF  de este blog puedes descargar gratuitamente el libro "En Espíritu y en Verdad", en el que se recogen todas las entradas publicadas con posterioridad al Libro 2 de "Sabiduría de Dios para el Hombre y Krística de Una Razón Pura".

14.3 (IV) Razón adversa y Razón propicia

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            IV. “Quien se lamenta de la naturaleza del mundo no sabe lo que hace y hasta dónde llega su osadía. Lo que sucede es que desconoce el orden continuado de las cosas, de las primeras a las segundas, después a las terceras, y así hasta las últimas, y no sabe que no es preciso insultar a unos seres porque sean inferiores a los primeros, en cambio, hay que aceptar con dulzura la naturaleza de todos los seres” [1] . Y, en ese “orden continuado de las cosas” : “más allá de los sentidos están sus objetos, y más allá de los objetos está la mente. Más allá de la mente está la razón pura, y más allá de la razón está el Espíritu en el hombre. Más allá del Espíritu en el hombre está el Espíritu del universo, y más allá está Dios [2] , el Espíritu Supremo. No hay nada más allá de Dios: Él es el final del camino. La luz del Atman [3] , el Espíritu, es invisible, oculta en todos los seres. Es vista por los que ven lo sutil, cuando su visión es aguda y clara. Los juiciosos deberían renunci

14.3 (III) Razón adversa y Razón propicia

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            III. Por eso dice el apóstol Juan que “quien cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo” , pues, a través de quienes no han buscado su propia Gloria (ni en la enseñanza ni en el aprendizaje), sino la de Dios Altísimo, “sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero; y estamos en el Verdadero, en Su Hijo, Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la vida eterna” (1Jn 5:10 y 20). “Juzgaos a vosotros mismos si estáis en la Fe; examinaos vosotros mismos. ¿No reconocéis que Jesucristo está dentro de vosotros? A no ser que estéis descalificados” (2Cor 13:5).          Y es por esto que, quien finge buscar ser complacencia de Dios Altísimo, pero esconde en su interior otros propósitos distintos de los propósitos puros de Dios para el Hombre existenciable en el Reino de los Fines, jamás encontrará Maestro y deambulará de un lado para otro sin rumbo fijo, siendo ésta su adversidad retributiva. Y ésta no es B

14.3 (II) Razón adversa y Razón propicia

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            II. Y, por lo mismo que sabe que él mismo no podía alcanzar la comprensión de lo Divino desde la razón, tampoco entra en combate con quienes, desde la razón, únicamente buscan confrontación y no humildad de corazón y espíritu contrito para el entendimiento espiritual (BG 18:67, Mc 4, Flp 119). Por eso, en la vía de conocimiento que, desde el Espíritu, abre el Camino que lleva al Padre, a la adversidad la llamamos Bendita Adversidad, pues, la primera adversidad (adverso o contrario) no le es mostrada al discípulo, sino a su Maestro, no como maldición, sino como bendición, de modo que éste no haya de entregarse en cuerpo y alma (literalmente) a quien no muestra potencialidad para dar fruto, pues: -          “No hay amor mayor que el de quien da su vida (el tiempo dado) por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os he mandado ” (Jn 15:13-14, BG 14:26, 10:18, 7:30, 4:3). -          Pero “el Padre me ama porque Yo doy mi vida y la tomo de nuevo. Nadie me l

14.3 (I) Razón adversa y Razón propicia

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            I. Cuando la razón deja de ser adversa y se vuelve propicia en su funcionalidad pura para trabajar para la causa Krística del Hombre que “ va al Padre” , deja de orar pidiendo todas aquellas cosas que antes solía pedir “creyendo que por hablar mucho iba a ser escuchada” y entiende que orar no es hablar, sino escuchar, en la comunión con el Padre “en lo secreto” de la meditación silenciosa y la contemplación sagrada, los dictados del Espíritu que “conoce nuestras necesidades antes de que le pidamos nada” (Mt 6:6-8). Y, así, no hablando, sino escuchando, “el Espíritu acude en ayuda de nuestra flaqueza, porque no sabemos orar como es debido, pero el Espíritu intercede Él mismo por nosotros con gemidos inefables, y el que sondea los corazones sabe lo que desea el Espíritu y que su intercesión por los santos es según Dios” (Rom 8:28-29), no solamente “obrando en nosotros el querer y el hacer” (Filip 2:13), sino también “mostrándonos en cada momento lo que conviene decir y