DIVINA PROVIDENCIA: Mi Padre aún trabaja y yo también trabajo (Jn 5:17)


Cuando la Causa es Krística, la Bienaventuranza es su Causalidad (Mt 5:1-12).


En REALIDAD “los tiempos son tres:

1) Presente de las cosas pasadas (memoria)

2) Presente de las cosas presentes (apercepción)

3) Presente de las cosas futuras (expectación)

Porque éstas son tres cosas que existen de algún modo en el Alma, y fuera de ella yo no veo que existan" (San Agustín, “Confesiones”).

 

La Divina Providencia no es opulencia material, sino necesidades cubiertas y Plenitud de la Vida de aquél en quien Dios descansa, se goza y se alegra.

La Divina Providencia es saberse Hijo del Único Dios que, cada día, hace salir el sol y las estrellas derramando Sus Bendiciones sobre todos por igual y compartir con Él la Alegría de Una Visión Universal, Una Sabiduría y Una Fe tan Absoluta y Recíproca del Hombre en los Caminos Dios como de Dios en los Caminos de ese Hombre.

La Divina Providencia en el Hombre es un Estado de Consciencia tan Perfecto del Ser en Dios que, dejando hacer a Dios, se manifiesta en:

- Rectitud que pone Orden en el Caos

- Bondad de Dios en su Espíritu Interior

- Pureza de Razón y Corazón

- Austeridad de Pensamiento, Palabra, Obra y Omisión: sólo lo bueno

- Armonía de las Propiedades que despliegan los Objetos de los Sentidos

- Paz del Alma y de los Sentidos

 

La Divina Providencia es la Forma con la que el Presente Continuo o Realidad se viste para hacerse visible en todo aquél que es Vivido por Dios.

La Divina Providencia es la Existencia de quien escucha cómo la Voz de la Bondad Absoluta de Dios le dice: no temas nada. Yo te libro de las cadenas de tus manos. Ve a donde quieras, pues Yo estoy siempre contigo. Quiero contarte entre mis Hijos, agraciarte con una tierra de delicias para Nuestro Gozo y Nuestra Alegría. Me llamarás Padre y no te separarás más de Mí. YOSOY en ti y tú en Mí; y nada puede separarnos” (Mt 4 a 7, Jn 14:11 y 27-28, Jrm 3:19, 40:2-4, Sal 23, Tob 12, Is 55 y 65, Rom 8, 1Cor 12 a 15, 1Jn 1:1-4, 5:10 y 20).

 

¿No habéis oído que, como Hijos de Dios, dioses sois para que, siendo Su imagen y Semejanza Perfecta, gobernéis vuestro mundo con Santidad y Justicia, a imitación Suya, como Hijos Amados? (Jn 10:34, Sal 82:6, Sab 9:18, Gn 1:26-31, Ef 5:1)

Entonces debéis saber que la Divina Providencia jamás viene de abajo ni de afuera, sino que siempre desciende de arriba hacia abjao y rebosa desde dentro hacia afuera. Por eso, busca PRIMERO el Reino de Dios y Su Justicia, y lo demás te será dado por añadidura (Mt 6:33), porque:

Primero aparece siempre lo terrestre y, sólo si nuestra Causa/Fin es celestial, aparece luego lo celeste (1Cor 15, Jn 10:32-39, Ap 21 y 22, Gn 1 y 2, Is 55-65, Eclo 7:36, Lc 6:19).

"La Causa está causada por aquello de lo que ella es la Causa", y por ninguna otra Causa puede estar causada (Ibn Arabí: "Los Engarces de las Sabidurías").

"Una cosa es la Causa real de algo, y otra aquello sin lo cual la Causa nunca podría ser Causa” (Platón: Sócrates en "Fedón").

Cuando esa determinación de su Causalidad se refiere a un efecto en el mundo que encierra un propósito moralmente necesario, pero inejecutable para seres de sentidos, entonces es posible un conocimiento de Dios y de Su existencia" (Immanuel Kant: “Crítica del Juicio").

 

La Divina Providencia (Mt 6) es el fruto natural de un trabajo en particular (Lc 6): el Amor Divino a la Vida y a la Perfección de toda la Creación (Sab 11:23-26, Mt 6:33).

En la Divina Providencia Dios da Espíritu Santo y Vivificante a quien eso le pide, de modo que, cuando la Causa es Krística, la Bienaventuranza es su Causalidad (Lc 11:13, 1Cor 15:45, Mt 5:1-12, Jn 17), y no al revés.

 

Divina Providencia es “mi Padre aún trabaja y yo también trabajo”: sin oponer resistencia ni hacer jamás uso del mal, todo le es sometido al Hijo para que éste lo someta al Padre, de modo que Dios sea todo en todo, en beneficio de las Condiciones Finales en el Bien Universal.  (Sab 1:1-5, 4:10-15, 11:23-26, 19:6 y 18, Mt 4 a 7, 1Cor 12 a 15, Lc 6, 10:19-20, Jn 5:17, 16:33, 14:27, 8:1-11, 8:25-32, 1Jn 1:1-4, Ap 21 y 22, Gn 1 y 2, Sab 19:18, BG 18,  Isa Upanishad, Tao 39, 49 y 60).

 

 





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