Nota final a “Los Cuidados del Reino”
Del mismo modo que
acompañábamos a “Los Libros de la Siembra” con una nota preliminar y una nota
final -y dejando abierta aún la fecha en que iniciaremos la publicación de “Los
Libros de la Cosecha”-, cerramos esta sección de “Los Cuidados del Reino” con
dos imágenes cuya única vocación es mostrar de un solo golpe visual, y de forma
muy concisa, todo el contenido de lo publicado hasta hoy.
La concisión nunca es medio de
transmitir para el aprendizaje, sino de ver y apreciar si lo que va siendo
aprendido se corresponde con la Verdad (la calidad y cualidad) del Fin buscado
(Ecl 7:36). El aprendizaje requiere recorrer, día a día, toda la extensión y
prolijidad de la enseñanza. En el Camino de Perfeccionamiento, el fin precede a
los medios de que valerse, la comprensión precede a la organización de lo
comprendido, la trascendencia precede a la capacidad de observación de la
inmanencia, el conocimiento precede a la capacidad de contemplación de la
acción correcta, …, de manera que, aunque para todos aparece siempre primero lo
terrestre, sólo si nuestro estado es celestial (Mt 6:33), aparece luego lo
celeste (1Cor 15).
Sentencias tan concisas como
aquéllas en las que Jesucristo es capaz de condensar una vasta doctrina en una
sola frase (Mt 7:12, Jn 5:17, Lc 6:35-36, Mc 10:27, …) tienen la finalidad de
que podamos tener siempre presente el Fin que nos mueve a perseverar en el
Camino de Perfeccionamiento, pero quedan absolutamente vacías de contenido para
quien no anda ese Camino hoy, mañana y al día siguiente (Lc 13:33). Son, por
así decirlo, atalayas desde las cuáles contemplar la rectitud o desvío de
nuestro progreso espiritual, como quien tiene la perspectiva que se adquiere
desde un punto en el que puede ver sus propias huellas en el camino andado.
Pero no se sube la cima de esa
montaña desde esa atalaya, sino recorriendo y rectificando en todo lo que sea
preciso ese camino que comenzó desde abajo, permaneciendo en él mientras lo
andamos y con los ojos siempre puestos en el Fin Primero y Último que nos mueve
a andarlo, aprendiendo, a medida que vamos siendo formados, a valernos de los
medios que Dios pone a nuestra disposición para acercarnos a ese Fin y a
desechar aquéllos que nos alejan de Él.
En pocas palabras: Mt 4 es la
imagen de quien ha recorrido el Camino que va de Mt 5 a 7. Y el resto del
contenido de ese Evangelio, ya sea en forma de doctrina o en forma de parábolas
que sirven de ejemplo para el entendimiento de esa doctrina, es enseñanza por
la que aprendemos con la propia Vida de nuestro Maestro a valernos de los
medios que Dios pone a nuestra disposición para recorrer el Camino que nos
acerca a ese Fin y a desechar aquéllos que nos alejan de Él.
Y esto es lo que significa “¿por
qué me llamáis ‘Señor, Señor’ y no hacéis lo que yo os digo? Voy a deciros a
quién se parece aquél que viene a Mí, y me oye y hace lo que digo: se parece a
un hombre que para construir una casa cavó profundamente y puso los cimientos
sobre la roca. Cuando creció el río, el agua dio con fuerza contra la casa,
pero no pudo moverla porque estaba bien construida. Pero el que me oye y no
hace lo que Yo digo se parece a un hombre que construyó su casa sobre la
tierra, sin cimientos; y cuando el río creció y dio con fuerza contra ella, se
derrumbó y quedó completamente destruida". Por lo tanto, sólo “si
permanecéis en Mi doctrina, sois verdaderamente discípulos míos, conoceréis la
Verdad, y la Verdad os hará Libres” (Lc 6:46-49, Jn 8:31-32).
Y de esta Sabiduría de Dios
para el Hombre que ha existido desde siempre para el Único Camino, la Única
Verdad y la Única forma de Vida que llevan a la Consumación en la Unidad,
testifican todas las Escrituras que hemos traído a nuestro blog (ver: “Fuentes
y Abreviaturas”) a lo largo de todas sus secciones y
capítulos (Jn 8:58, 14:6, 5:39, 17:23).
Dios
en nosotros y nosotros en Dios

